Cantar la gallina o pinchar para saber qué sangre tiene cada uno. Carme Chacón, Ministra de Defensa.

“Cantar la gallina” es un término taurino que suele utilizarse para describir cómo un toro demuestra, con las pruebas oportunas, que no es bravo. Si lo que aparentaba bravura por distintas causas engañosas y coyunturales se transforma en queja del animal, se sabe que “ha cantado la gallina” y hablamos de mansedumbre habiendo puesto de manifiesto que tras una falsa apariencia se esconde su verdadero carácter.

Por extensión, podemos decir que “a una persona basta con pincharla para saber qué sangre tiene”.

En estos días, a raíz del nombramiento de Carme Chacón como Ministra de Defensa, muchos de los opinadores de medios han “cantado la gallina” sobre lo que realmente piensan aunque celosamente lo ocultan para ser socialmente correctos.

¿Existe algún problema por el que una mujer, además preñada, tenga alguna incapacidad intrínseca que le impida asumir grandes responsabilidades (como lo es un Ministerio de Defensa) y sea una nota exótica en un gabinete progresista?

Antes de responder deberíamos analizar con cuidado esta cuestión con otra pregunta: ¿no es lo que vienen haciendo las mujeres, además preñadas, desde el principio de nuestra sociedad?
¿Puede una mujer estar en Afganistán defendiendo, incluso con las armas, una posición ideológica y ayudar a los que lo necesitan poniendo en juego su vida, y al mismo tiempo se le niegue su capacidad para asumir grandes responsabilidades políticas?
Me recuerda al trato que se le daba (o da) a los negros en EE.UU. durante sus conflictos bélicos: buenos para sacrificar sus vidas, pero no tan buenos como para considerarlos iguales.

Metamos el termómetro hasta el fondo de la cavidad y midamos exactamente el revuelo que se forma en algunos lugares con este tema. Pinchemos para saber la sangre que cada uno tiene y de esta manera sabremos el nivel de madurez de nuestra sociedad que ante estas situaciones pierde esa máscara convencional y muestra con toda crudeza su auténtico y natural machismo, ese machismo que no consiste en pasar el aspirador o no, que consiste en estar firmemente convencidos de que una mujer es inferior a un hombre por su propia naturaleza.
Es una puñetera vergüenza que sea noticia y  motivo de debates absurdos el que una mujer, además preñada, sea noticia por dirigir un ministerio, sea el que sea.

Este es el machismo peligroso, cavernario, reaccionario y racista que hay que combatir. Hay que tenerlo claro, no se trata de quién pone la lavadora.

Centrémonos en lo importante.